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El Niño y el estrés térmico: desafíos para la producción animal

El clima es una variable que hace parte de cualquier sistema de producción animal. Cuando las condiciones ambientales cambian, los animales también responden: modifican su comportamiento, su consumo de alimento y agua, y la forma en que utilizan los nutrientes.


Durante los periodos asociados al fenómeno de El Niño, estas condiciones pueden representar un desafío adicional para los productores. El aumento de las temperaturas, la reducción de las precipitaciones y una posible menor disponibilidad de agua y forraje pueden afectar el bienestar y el desempeño de diferentes especies.


Por eso, prepararse para estos escenarios no significa únicamente enfrentar el calor. Significa anticiparse a los cambios que este puede generar en el animal y en todo el sistema productivo.


¿Qué es el fenómeno de El Niño?

El Niño es un fenómeno climático asociado al calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Este cambio altera la interacción entre el océano y la atmósfera y puede modificar los patrones de temperatura y precipitación en diferentes regiones del mundo.


En Colombia, uno de sus efectos puede ser la presencia de periodos más cálidos y secos, aunque la intensidad y las condiciones específicas dependen de la región.

Para la producción animal, esto es relevante porque el ambiente hace parte de las condiciones que determinan el desempeño de los animales.


Cuando aumenta la temperatura ambiental, especialmente si se combina con humedad elevada, radiación solar o una ventilación insuficiente, los animales pueden tener mayores dificultades para disipar el calor.


Es entonces cuando aparece uno de los principales desafíos asociados a estas condiciones: el estrés térmico.



Del calor al desempeño: ¿qué ocurre dentro del animal?

Los animales mantienen su temperatura corporal dentro de un rango determinado mediante diferentes mecanismos de termorregulación.


Cuando la temperatura ambiental aumenta, el organismo debe trabajar más para mantener ese equilibrio. Puede incrementar la frecuencia respiratoria, modificar su comportamiento y buscar zonas más frescas. También puede reducir voluntariamente el consumo de alimento.


Esta última respuesta es especialmente importante desde el punto de vista productivo.


Una menor ingesta significa un menor aporte de energía, aminoácidos, minerales, vitaminas y otros nutrientes necesarios para sostener funciones como crecimiento, producción, reproducción y mantenimiento.

En términos simples:


↑ temperatura → ↑ carga térmica → ↓ consumo → ↓ aporte de nutrientes → riesgo de ↓ desempeño


Pero el impacto no termina en el consumo.


El estrés térmico puede afectar diferentes procesos fisiológicos y productivos, entre ellos:

  • Consumo de alimento.

  • Ganancia de peso y crecimiento.

  • Conversión alimenticia.

  • Producción de leche.

  • Producción y calidad del huevo.

  • Reproducción.

  • Respuesta inmunitaria.

  • Comportamiento y bienestar animal.


Por eso, cuando las temperaturas aumentan, cada aspecto del manejo comienza a tener mayor importancia.



¿Qué animales son más susceptibles al calor?

Todas las especies pueden verse afectadas por temperaturas elevadas. Sin embargo, el nivel de susceptibilidad depende de factores como la especie, edad, etapa productiva, nivel de producción, genética, humedad ambiental, densidad de alojamiento y capacidad de acceso a agua y zonas de confort.


Porcicultura: un desafío importante para el consumo

Los cerdos tienen una capacidad limitada para disipar el calor, por lo que las altas temperaturas pueden generar rápidamente una situación de estrés térmico.

En animales en crecimiento y finalización, una de las principales consecuencias es la reducción del consumo de alimento. Cuando esta disminución se mantiene, puede afectar la ganancia de peso y la eficiencia productiva.

En hembras reproductoras, las altas temperaturas también representan un desafío, especialmente durante etapas de elevada demanda fisiológica.


Por eso, durante periodos cálidos, la disponibilidad de agua, la ventilación, la densidad de alojamiento y el manejo de la alimentación deben revisarse de manera integral.


Avicultura: temperatura corporal y consumo

Las aves son particularmente sensibles a las altas temperaturas debido a su elevada temperatura corporal y a sus mecanismos limitados para disipar calor.

En pollo de engorde, el estrés térmico puede reducir el consumo de alimento y afectar crecimiento y eficiencia.

En gallinas ponedoras, las altas temperaturas pueden comprometer el consumo y repercutir sobre el desempeño productivo y algunos parámetros relacionados con la calidad del huevo.


En ambos casos, el control del ambiente dentro del galpón resulta fundamental. La temperatura no debe analizarse de forma aislada: humedad relativa, ventilación, densidad y calidad del aire también influyen en la carga térmica que experimentan las aves.


Ganadería de leche: producir también genera calor

El ganado lechero de alta producción enfrenta un desafío particular. La producción de leche implica una elevada actividad metabólica y, por tanto, una importante generación de calor.


Cuando las condiciones ambientales superan la capacidad del animal para disiparlo, puede disminuir el consumo de materia seca y afectar la producción de leche y el desempeño reproductivo.


En estos sistemas, proporcionar agua suficiente, sombra, circulación de aire y condiciones adecuadas de descanso es fundamental.


Ganadería de carne: calor, forraje y agua

En los sistemas de producción de carne, las altas temperaturas pueden afectar el consumo y el desempeño de los animales.


Cuando el calor coincide con periodos de baja precipitación, aparece además otro desafío: la disponibilidad y calidad del forraje.


Por eso, durante un escenario de El Niño es necesario evaluar no solamente las condiciones térmicas, sino también la disponibilidad de agua y alimento a lo largo del periodo.


Mascotas: también necesitan protección

El estrés térmico no es exclusivo de los animales de producción.


Los perros y gatos también pueden verse afectados por temperaturas elevadas, especialmente aquellos con características o condiciones que dificultan la disipación del calor.


Durante días especialmente cálidos es importante garantizar agua fresca, espacios ventilados y evitar la exposición prolongada al sol o el ejercicio intenso durante las horas de mayor temperatura.



El desafío no es solamente el calor

Uno de los errores más comunes es asociar el fenómeno de El Niño únicamente con el aumento de temperatura.

Para una producción animal, el desafío puede ser mucho más amplio.


Menor disponibilidad de agua

Los animales aumentan sus necesidades de agua cuando deben disipar una mayor cantidad de calor.


Al mismo tiempo, los periodos de menor precipitación pueden reducir la disponibilidad de las fuentes hídricas utilizadas en las explotaciones.


Por eso, antes de un periodo crítico es importante revisar la capacidad de almacenamiento, el funcionamiento de los bebederos, los caudales y la calidad del agua.


Menor disponibilidad de forraje

En sistemas que dependen del pastoreo, la reducción de las lluvias puede afectar la producción y calidad del forraje.


Esto puede generar una presión adicional sobre el balance nutricional del animal, especialmente cuando coinciden menor disponibilidad de alimento y mayor demanda para enfrentar el estrés térmico.


Mayor demanda de los sistemas de ventilación

En instalaciones de aves y cerdos, los sistemas de ventilación adquieren una importancia crítica.


Un ventilador que no funciona correctamente, una entrada de aire obstruida o una densidad excesiva pueden incrementar la carga térmica dentro de la instalación.


Mayor necesidad de planificación

Cuando las condiciones ambientales son adversas, reaccionar únicamente cuando aparecen los signos de estrés puede ser demasiado tarde.

La prevención comienza antes.


Nutrición y estrés térmico: cuando cada nutriente cuenta

Aquí aparece un aspecto fundamental para la productividad: el animal puede necesitar mantener sus funciones fisiológicas precisamente cuando su consumo de alimento disminuye.


Esta situación genera un desafío nutricional.

Si el consumo voluntario baja, mantener el aporte adecuado de nutrientes requiere una estrategia que considere la concentración de nutrientes de la dieta, la etapa productiva, el nivel de desempeño esperado y las condiciones particulares de cada sistema.


No se trata simplemente de "dar más alimento". En muchos casos, el animal está reduciendo su consumo precisamente como mecanismo de adaptación al calor.

Por eso, la estrategia debe orientarse a optimizar el aporte de nutrientes dentro del consumo que el animal es capaz de mantener, siempre bajo la orientación del profesional responsable de la producción.


Además, la nutrición no debe verse de manera aislada.


Una dieta adecuada difícilmente compensará una deficiente disponibilidad de agua, una ventilación insuficiente o instalaciones que no permiten al animal encontrar condiciones de confort.


Nutrición, ambiente y manejo deben trabajar juntos.



¿Cómo prepararse para reducir las afectaciones?

La prevención debe comenzar antes de que aparezcan los signos evidentes de estrés térmico.


1. Garantizar agua limpia y disponible

El agua debe estar disponible de forma permanente y en cantidad suficiente.

Es recomendable revisar:

  • Caudal de los bebederos.

  • Número y ubicación de los puntos de suministro.

  • Limpieza de tanques y bebederos.

  • Calidad del agua.

  • Capacidad de almacenamiento.

  • Funcionamiento de bombas y sistemas de distribución.


No basta con tener agua disponible: el sistema debe ser capaz de suministrarla cuando los animales más la necesitan.


2. Revisar la ventilación

Una buena circulación de aire favorece la disipación del calor.


En instalaciones cerradas o semicerradas se deben revisar ventiladores, entradas y salidas de aire, obstrucciones y condiciones de alojamiento.


En aves y cerdos, este punto es especialmente importante durante las horas de mayor temperatura.


3. Proporcionar sombra

En sistemas al aire libre, los animales deben disponer de zonas suficientes de sombra que reduzcan la exposición directa a la radiación solar.


En ganadería, los árboles, estructuras de sombra y otras alternativas pueden contribuir a disminuir la carga térmica.


4. Ajustar los horarios de manejo

Siempre que sea posible, las actividades que implican mayor movimiento, transporte o manipulación de los animales deben realizarse durante las horas más frescas.


También puede evaluarse el ajuste de los horarios de alimentación para favorecer el consumo en momentos de menor temperatura.


5. Revisar la densidad de alojamiento

Una densidad elevada dificulta la circulación del aire y puede incrementar la carga térmica.


Por eso, durante periodos críticos es importante verificar que las condiciones de alojamiento permitan suficiente espacio, acceso al agua y adecuada ventilación.


6. Revisar la estrategia nutricional

El programa de alimentación debe considerar las condiciones ambientales y la etapa productiva.


Durante periodos de estrés térmico puede ser necesario revisar con el profesional responsable aspectos como:

  • Densidad nutricional de la dieta.

  • Aporte de energía y proteína.

  • Balance de aminoácidos.

  • Vitaminas y minerales.

  • Calidad y disponibilidad del alimento.

  • Horarios de suministro.


La estrategia debe buscar que el animal mantenga el mejor aporte nutricional posible aun cuando su consumo pueda verse afectado.


7. Monitorear los animales

La observación diaria permite identificar cambios antes de que el impacto productivo sea mayor.


Algunos signos que requieren atención son:

  • Aumento del jadeo o frecuencia respiratoria.

  • Menor consumo de alimento.

  • Mayor consumo de agua.

  • Cambios de comportamiento.

  • Búsqueda constante de sombra o zonas frescas.

  • Disminución del crecimiento.

  • Reducción de la producción.

  • Alteraciones reproductivas.


Medir y observar permite tomar decisiones antes de que el problema se convierta en una pérdida productiva.



El clima no se puede controlar. La preparación sí.

El fenómeno de El Niño hace parte de la variabilidad climática y sus efectos no pueden evitarse desde la producción. Sin embargo, el impacto sobre los animales y el desempeño productivo sí puede gestionarse mediante planificación, monitoreo y prevención.


Preparar las fuentes de agua, revisar las instalaciones, fortalecer la ventilación, garantizar sombra, ajustar el manejo y evaluar la estrategia nutricional son acciones que permiten enfrentar mejor los periodos de altas temperaturas.


La clave está en entender que el estrés térmico no es un problema exclusivamente ambiental.


Es un desafío fisiológico y productivo.


Cuando las condiciones cambian, el animal responde. Y cuando el animal responde, la estrategia de producción también debe hacerlo.


En Nutritec entendemos la nutrición animal como parte de una visión integral de la producción. Por eso, anticiparse a los desafíos del entorno también significa revisar cómo la alimentación puede acompañar las necesidades de cada especie, etapa productiva y sistema.


Porque alimentar bien hoy también significa prepararse para los desafíos de mañana.

 

 
 
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